Cristina y Juan querían iniciar su vida juntos y llevaban tiempo ahorrando para comprarse un piso. Vieron unos pisos sobre plano a las afueras de la localidad en la que vivían, que les gustaron mucho y a mejor precio que en el centro de la ciudad. Firmaron un contrato de compraventa con la promotora y cumplieron escrupulosamente con todos los pagos y plazos marcados, llegando a aportar hasta 54.000€.
Llegó el día en el que acabaron los pisos y, Cristina y Juan fueron al banco a pedir la hipoteca. Pero el banco rechazó la petición y no se la concedieron. Este fue su primer disgusto pero, lamentablemente, no fue el último. Seguir leyendo
Etiquetas: Defensa de los derechos del consumidor, hipoteca





